LA PRIMERA RONDA EN IMÁGENES

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Boston (1-0) Miami

Boston (2-0) Miami


Boston (3-0) Miami


Boston (3-1) Miami


Boston (4-1) Miami



-PRÓXIMA PARADA: LA CASA DE LA REINA-

Cuando una imágen vale más que mil palabras.




-VAMOS BOSTON-







Nos vamos a Cleveland con un bonito (4-1)

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Con un buen juego colectivo y una dura defensa fue como se decidió la serie ante los Miami Heat. Un 4-1 que deja muy buenas expectativas en Boston y que hace aparecer a los Celtics de nuevo entre los principales candidatos al anillo.

Ray Allen de nuevo fue el líder de los Boston Celtics, anotando 24 puntos (5-6 3pt) y acertando un total de 9 de15 en tiros de campo. Ray estuvo fantástico y con 3 triples casi seguidos afectó en el devenir del encuentro, justo cuando Boston mayor diferencia lograba sacar a Miami, llegando a ir ganando de +21 puntos.

Paul Pierce con 21 puntos también contribuyó enormemente a la victoria, además repartió juego con 6 asistencias y capturó 7 rebotes, por si fuese poco, colocó 2 tapones, uno de ellos, a Dorrell Wright, muy bonito.

No obstante, hemos de felicitar a todo el quinteto titular. Los cinco jugadores realizaron un gran partido y como ha sido habitual durante prácticamente toda la serie, fueron los claros responsables de la victoria. Rajon Rondo realizó un auténtico partidazo consiguiendo casí un nuevo triple doble y robando además 4 balones.

  • Ray Allen: 24 puntos (5-6 triple).
  • Paul Pierce: 21 puntos - 6 asistencias - 7 rebotes - 2 tapones.
  • Rajon Rondo: 16 puntos -12 asistencias - 8 rebotes - 4 robos.
  • Kevin Garnett: 14 puntos - 8 rebotes - 3 robos - 1 tapón.
  • Kendrick Perkins: 8 puntos - 6 rebotes - 3 tapones.
Si una cosa queda clara es que el Big Four rinde y que está preparado para todo. Ray Allen está realizando sus mejores partidos de playoffs desde que llegó a Boston en 2008. Paul Pierce sigue demostrando que es muy peligroso. Kevin Garnett parece ir cogiendo el ritmo y estar completamente listo, seguro que acabará teniendo algún partido de 20 puntos - 10 rebotes. Rajon Rondo, sobran las palabras, estrella de la NBA y auténtico playmaker. Sin él Boston no seríe ni la mitad de lo que es.

En resumen, disponemos de batería de guerra sufiente como para hacer frente a los Cavaliers y sobreponernos a ellos, pero no obstante si el rendimiento del banquillo sigue siendo el que es no nos queda otra que confiar ciegamente, por que las vamos a pasar muy mal.

Tony Allen, Glen Davis y a veces Michael Finley parecen ser los únicos con la mirada puesta en lo que realmente se está jugando.

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De Glen Davis ya hemos visto de lo que es capaz, no obstante saliendo desde la banca su rendimiento desciende mucho, por ello yo le daría alguna oportunidad con noches de muchos minutos y por qué no, saliendo de titular con Garnett de cinco.

Tony Allen está mostrando su mejor versión, un juego simple pero eficaz. Aplicando una buena defensa y corriendo con Rondo los contrataques (su punto fuerte) ha dado bastantes puntos al equipo e incluso en el primer encuentro fue uno de los mejores jugadores con 14 puntos en 29 minutos.

Michael Finley ha demostrado que puede ser eficaz y tener un justo papel como microondas en el equipo. Sigue conservando su buena muñeca de cara al triple y es un notable defensor de perímetro.

- Los interrogantes están puestos sobre Rasheed Wallace, Nate Robinson o el mismísimo Marquis Daniels, quién no ha disputado más de 15 minutos a lo largo de la serie. Quizás Doc les estuviese reservando para enfrentarnos a los Cavaliers o simplemte es que quizás no van a jugar muchos más minutos.

Me extraña lo de Nate Robinson. Ha demostrado que puede sumar puntos al equipo y que su capacidad defensiva podría ser de gran ayuda, cortando bien los pases. Además corre los contrataques y se deja la piel en la cancha haciendo siempre levantarse a los aficionados del Garden. La verdad es que no se que ocurre con este jugador, pero ojalá no fuese más que Doc le estaba reservando para esta nueva serie.

Cleveland Cavaliers (4-1) pues, serán nuestros próximos rivales. Los de Mike Brown se han deshecho de los Bulls está noche tras su cuarta victoria por 96-94 y tras una serie algo más dura de lo esperado. LeBron ha tenido que hacer uso de su mejor "juego" para derrotar a unos Chicago Bulls que siguen prometiendo mucho y que este verano podrían reforzarse con alguna de las estrellas del famoso verano de 2010.

Este año al fin nos toparemos con los Cavaliers tras las semifinales del 2008, año del 17º título. Muchos dicen que en Boston se nota miedo ante esta serie, pero la verdad es que no es especialmente el miedo lo que sienten los Boston Celtics. La palabra sería...... venganza. Ese bailecito de LeBron James el 12 de abril del pasado año o las múltiples burlas y tonterias del banquillo aún no se han saldado. La de Boston-Cleveland sin duda será una serie dura, muy dura.


- VAMOS BOSTON -

Un Wade estratosférico evitó morir en Domingo.

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El cuarto partido de la serie se saldó con la primera derrota de la postemporada para los Celtics, ante unos Heat que pudieron disfrutar de la mejor versión de Dwayne Wade llevandose el partido por 101-92 y poniendo el 3-1 en el computo global.

El partido comenzó con un claro dominio local, marcado por tres triples consecutivos de Quentin Richardson y varias canastas fáciles de Wade, quién constantemente durante el primer cuarto penetró a canasta cómo y por dónde quiso sin resistencia.
Boston inició el partido con mal pie, realizando muchas pérdidas de balón (9en el primer cuarto) y concediendo muchos puntos al contrataque a los Heat. Así pues, Miami logró marcharse en el marcador por ventaja de +10 e incluso +15 durante varios minutos, hasta que por fin la reacción de los C´s se hizo presente. El primer cuarto mostró un claro dominio de los de Florida, con un parcial de 31 a 18.

De la mano de Rajon Rondo y Tony Allen logramos recuperar terreno perdido y reducir la desventaja entorno a unos constantes cinco y siete puntos . Otro factor clave del segundo cuarto fue la defensa.
Boston aplicó una defensa presionante y muy dura, sobretodo ante Wade, quién cerró el segundo cuarto con tan sólo 2 puntos. Factores que propiciaron la remontada verde, logrando un buen parcial por 25 a 18 puntos.

-Al descanso, 16 puntos para Wade, 10 para Beasley y 13 para Richardson. Por parte de Boston, Garnett comandaba con 10 puntos y 6 rebotes, Pierce tan sólo había anotado 7 en una noche poco beneficiosa para el capitán y Rajon Rondo lograba sumar 9 puntos con 7 asistencias.


El tercer cuarto fue de nuevo para Boston, por un claro 34-22 que nos hizo ponernos por delante gracias a la aportacion del Big Three Four. Un triple de Ray Allen fue el causante del empate a 62 a falta de 4 minutos para el final del tercer parcial. Los minutos siguiente fueron constantes variaciones en el marcador. Finalmente, los Celtics lograban cerrar el tercer cuarto con el marcador a favor, 77 a 71.

El último cuarto fue el de la debacle. Boston volvió a confeccionar una mala defensa, que permitió varias canasta fáciles para posterior festival de triples de Dwayne Wade, quién en 2 minutos y con cinco triples seguidos (uno de ellos desde la línea de personales) volteó el resultado, en favor de un claro 93 a 82 para Miami.
Con 3 minutos por jugar, Boston intentó llevarse la victoria y varias canastas facilitaron el hecho de ponernos 92 a 96 a falta de 2 minutos, pero lo que pudo haber sido la remontada verde, se quedó en un intento fallido tras varios errores seguidos.

Rajon Rondo falló una simple bandeja de las tantas que realiza a lo largo de todo el partido y además entre Garnett y Ray Allen (91% en TL) sumaron un horroroso 1-6 en tiros libres. Siete puntos que sin duda hubiesen hecho que Boston se pusiese por delante y posiblemente que el partido tuviese un buen desenlace para los de Massachusetts.

Rajon Rondo terminó el encuentro como el máximo anotador de los Boston Celtics con 23 puntos y 9 asistencias, Kevin Garnett sumó un nuevo doble-doble con 18 puntos y 12 rebotes, Ray Allen alcanzó los 15 puntos (3-6 3pts) y Paul Pierce acabó con 16.

Kendrick Perkins al igual que la mayoría de los suplentes estuvo horrible con 0 puntos. Por la banca, excepto Finley que sumó 7 puntos además de haber hecho una buen defensa y Tony Allen con 6 puntos, el resto no merecen ser nombrados.

En general el rendimiento del equipo fue bastante malo, Pierce no tuvo su mejor noche, Allen tardó en calentar la muñeca, Rondo perdió demasiados balones y la segunda unidad apenas aportó. Si a ello le sumamos el hecho de que Wade anotó 46 puntos y Quentin Richarson 20 pues obtenemos el resultado, derrota. No obstante, el equipo volvió a dejar buen sabor de boca en el segundo y tercer cuarto y de no ser por el mal comienzo y esos fallos incomprensibles a falta de unos minutos para el final, Boston hubiése ganado ante unos Heat un Wade que realizaron su mejor partido del año.

Mañana martes 27, a la 1:00 de la madrugada, los Celtics disputarán el quinto partido de la serie ante su público, en el Garden, esperemos jugar mejor que ayer y llevarnos al fín la victoria para tomar unos días de descanso previos al comienzo de las semifinales.



Los Celtics intentarán el Sweep esta tarde

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vs

Esta tarde desde las 19:00, en directo, intentaremos comentar el cuarto partido de la serie entre los Boston Celtics y los Miami Heat en lo que podría resumirse cómo el cuarto y definitivo partido de la serie.

Los Celtics podrían estar apunto de realizar algo que de 85 veces tan sólo se ha producido 4 de ellas, ganar una serie de playoffs por un claro y contundente 4-0.

Algunas de las claves para alzarnos con la victoria esta tarde podrían ser:

- Defensa: si logramos practicar un juego defensivo acorde con el de los dos dos primeros partidos en los que únicamente les permitimos 76,5 puntos la serie podría decidirse facilmente hoy mismo.

- Rebote: durante toda la serie hemos logrado conseguir más rebotes que los Heat, algo que en temporada regular veníamos arrastrando como asignatura pendiente ya que en la mayoría de partidos nos mostrábamos menos agresivos en este apartado que los equipos a los que nos enfrentábamos.

- Banquillo: será de vital importancia ver como afronta este partido la banca. Si Ray Allen y Pierce no realizan un buen papel la aportación de la banca será importantísima para ganar el partido.

- Dwayne Wade: todos sabemos cómo se las gasta el jugador de los Heat y de lo que es capaz. Será muy importante realizar una buena defensa sobre él, con lo que Tony Allen deberá de disponer de minutos de juego para tratar de parar a Flash.

Let´s Go Celtics!


Paul Pierce pone el 3-0 ante los Heat

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Tercer partido de la serie que se traducía como el más importante. Si Boston lograba ganar supondría un gran inyecto de moral y la sensación por parte de Miami de estar ya casi fuera. De lo contrario si los Heat conseguían hacerse con la victoria, impondrían un incómodo 2-1.

El escenario, un entregado American Airlines Arena que se entregó por completo a su equipo y en especial a Dwayne Wade quién realizó un auténtico partidazo y mantuvo a los de Florida con opciones hasta el final.

A falta de 11 segundos para el pitido final, Wade tuvo que abandonar el partido por un golpe fortuito con Ray Allen y fue entonces cuando con el empate a 98 reflejado en el marcador, Paul Pierce decidió tomar las riendas y jugarse la última canasta.
El pulso no le tembló y realizó un tiro del que pocas veces ha hecho uso este año. The Truth encestó y el 100-98 subió al marcador al mismo tiempo que los leds rojos inundaron el tablero. Suponía el 3-0 y un inyecto de moral tremendo al equipo.

Pero antes de la maravillosa gesta de Pierce, los Celtics tuvieron que luchar muy duro contra unos Heat que realizaron su mejor partido en lo que va de serie y posiblemente de lo que llevamos de temporada. Miami de la mano del habitual sensacional Dwayne Wade con 34 puntos logró llevarse el primer parcial del partido y seguir al término de la primera mitad encima de nosotros.

El tercer parcial parece haberse convertido en el determinante para Boston. Fue el momento clave del partido para los C´s ya que les metimos un 32 a 23 de parcial. Los chicos salieron fuertes tras el descanso y sobretodo Paul Pierce que logró acabar el partido con 32 puntos bien secundado por Ray Allen con 25.

Ray Allen está siendo el gran protagonista de la serie. Si en el primer partido estuvo pésimo, en estos dos últimos sus números han tenido una gran peso en ambas victorias y sobretodo sus porcentajes de tiro, los cuáles se han incrementeado con respecto a la regular season. Ray Allen is on fire!

Rajon Rondo, 17 puntos y 8 asistencias. Kevin Garnett con 16 puntos y 6 rebotes y Perkins con 12 rebotes y 2 tapones cerraron lo que fue la aportación del quinteto.

Por la banca, a destacar Glen Davis con y Tony Allen, con 4 puntos cada uno. Rasheed anotó 2, mientras que ni Robinson, ni Daniels ni Shelden jugaron.

El próximo partido el domingo a las 19:00 hora española. Esperemos imponer el 4-0 y tomar descanso para la siguiente ronda. ¡Hay que dar la sorpresa!

Boston, ciudad de orgullo y tradicion.

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He tenido la suerte de toparme de bruces con un artículo de gran riqueza y que supone el relato del sueño perfecto para cualquier aficionado a los Boston Celtics. Un sueño que aún no he logrado concebir pero que si encuentro tiempo, antes o después trataré de realizar.
La fuente de dicho artículo es del blog Dobles Figuras del gran Gonzalo Vázquez, desde aqui mi más sincero agradecimiento por transmitirnos de tan fiel manera lo que supone tocar suelo bostoniano y pisar el Boston Garden.
La parte que describe al Garden (la recalcada sobre negrita), es sencillamente impresionante y maravillosa.
Ya pués, os dejo con este maravilloso artículo. Gracias también al anónimo que lo publicó en el anterior post.
La rutina, como la pareja, suele hacer de refugio en la vida. Y cuando ésta es frágil o no ha madurado aún, quebrarla de súbito redobla la confusión. Ha sido una semana brutalmente confusa. Y porque la vida es confusa, ha sido una semana llena de vida.

Me gustaría contar cuanto quiero tal y como estoy seguro que habrá quedado grabado en mi memoria para el resto de mis días, esto es, como una película. Otra más desde que estoy aquí. Pero una de las más imprevisibles y apasionantes que me han tocado hasta ahora. Sé dónde me encuentro y la forma que debo dar para que la cosa no se pierda por las ramas. Así que trataré de apresurar el ritmo tomando algún punto de partida.

A primera hora del sábado, y al decir esto habla el más absoluto novicio, acudí al lugar exacto de dónde partía el autobús hacia Boston, frente al viejo hotel New Yorker, entre la 34 y la Octava Avenida. No había dispuesto gran cosa para el viaje. Iba con lo puesto más el portátil. O sea, cualquier imprevisto me complicaría las cosas.

No puedo resumir el trayecto como una aventura. Porque difícilmente estar encajado allí dentro durante casi cinco horas puede calificarse de apasionante. Pero salir de Nueva York y observar con detalle cuanto nos rodeaba concentró mi atención mucho más que el resto del pasaje, visiblemente más versado que yo y que al cuarto de hora optó por el acierto de echar un sueño. Yo no podía. Y no podía a pesar de no haber pegado ojo la noche anterior.

En serio, ¿habréis de creer a un tipo que de cuantos paisajes tuvo delante ninguno le causó mayor impresión que los cementerios? Nada como la repentina irrupción de uno de esos camposantos de película americana. Enormes y verdes praderas y centenares, miles de lápidas dispuestas en perfectas avenidas y levantadas para la eternidad junto al incesante tráfico de la carretera. El contraste era brutal. La vida y la muerte en una misma y absurda fotografía. Nos detuvimos junto a uno de ellos en mitad de un atasco. ¿Cómo puede alguien tocar el claxon junto a un cementerio?, me dije. ¿Es que no ve que va a acabar allí?

Mucho tiempo después de salir, la dureza de la postura y unos músculos tercamente entumecidos me lo recordaban, el autobús hizo su entrada en Boston cerca de las cuatro de la tarde, casi hora y media después de lo previsto. Bordeamos suavemente el Charles River que corta la ciudad antes de poner pie en la South Station. Allí me esperaba Sami (así se escribe este nombre de origen árabe), otro ángel de la guarda que el destino depara en el momento oportuno. Juntos, teníamos dos horas por delante para no sé muy bien qué. Acaso para estar en Boston.

No voy a describir la maravilla de ciudad que me acogió entonces. No soy un experto ni éste lugar para guías de bolsillo. Pero yo estaba en ese maldito lugar que puede alzar la vista al cielo recordando que ninguna otra ciudad de este gigantesco país atesora más campeonatos de la NBA. Y uno se preguntaba cómo era posible algo así. Qué clase de insondable misterio encerraban aquellas viejas paredes y calles que parecían edificadas para algo remoto a la gloria. Ni un solo segundo de mi estancia en Boston me vi liberado de esta tozuda impresión que a cada momento, a cada sucia esquina, me recordaba esta extraña hegemonía que no es trasladable a ningún otro rincón en el mundo.
Y a cada paso, bajo un día gris y plomizo de tenue lluvia como no podía ser de otro modo, sentía prender en mi interior ese insobornable orgullo que comparten aquí todos y cada uno de sus ciudadanos. Bastan unas horas en Boston para comprobar que sus habitantes están orgullosos de serlo.

No exagero si digo que el ambiente, el suelo y el aire, toda la atmósfera que nos rodeaba, era completamente verde. Y a medida que nos acercábamos al Garden las calles y avenidas florecían de motivos de los Celtics. Banderas y farolas, bares y muros, balcones y jardines presumían de engalanarse con el equipo y sus jugadores. Estremecía ver la salvaje expresión de Garnett desafiando al visitante. Y en un agradable paseo por los alrededores del Quincy Market, en torno a viejas calles de empedrado con farolas aún de gas, hordas de viejos y jóvenes con camisetas, gorras y bufandas, la emprendían con carros y toneles de cerveza aguardando un momento que, en este lugar, sabe a sagrado. Afuera hacía frío. Adentro, entre la madera y las jarras, el más fraternal de los calores. BEAT THE HEAT, clamaban carteles y camisetas.

Poco antes de las seis Sami me llevó a un restaurante réplica de Cheers y ocupé voluntariamente en la barra la misma esquina que el gordo Norm. Incluso adopté su postura y hasta entendí que agotara uno allí la vida, entre birras y amigos. Frente a mí decenas de grifos de la cerveza más diversa convirtieron mi petición a la barra en la misma ofensa que si lo hubiera hecho en una barriada irlandesa. "Two coffees", solté tímidamente a una tipa con cara de orco y habituada a la grosería. "Coffee?", me respondió incrédula. Porque sin haber estado yo en Irlanda habría que ser muy estúpido para no contemplar porciones enteras de esta ciudad como la cosa más irlandesa del mundo. Y ahí las guías no mienten.

Se me agolpaban los estímulos y no podía concentrarme en ninguno. Así tampoco hice el caso debido a las amables explicaciones de Sami porque las pantallas reflejaban ya a esas horas el primer episodio de LeBron en su nuevo asalto al anillo. De no haber estado yo en aquella situación, con mil honores me habría zambullido en la cerveza disolviéndome entre la legión que nos rodeaba y que dotaba a los alrededores del Garden de todo ese ambiente festivo que rodea a un gran evento deportivo.

Cuando las agujas del reloj formaron línea recta me despedí de Sami. Le llamaría en cuanto todo aquello terminase. Y en aquel momento me vi a solas frente al pabellón. Yo era una pequeña cosa y aquél un templo gigantesco. Un agente de policía respondió a mis dudas sobre la puerta de prensa. Y allá que me dirigí con mi mochila y mis nervios.
No entré con demasiado buen pie. Me ocurrió una de esas cosas que el tiempo aliviará pero que en el momento no son muy agradables. Por tener un detalle con mi buen amigo había comprado en el Westside Market una Torta del Casar que al parecer llevó el viaje peor que yo. El caso es que al abrir la bolsa para los de seguridad, salió de repente tal terrible cantazo a queso extremeño que el agente reculó de golpe hacia atrás antes de mirar a su compañero y enrojecer yo de vergüenza esbozando una absurda sonrisa. Así el 'go ahead' me sonó como si me mandaran a tomar vientos.

Aceleré el paso y poco tardé en comprobar lo increíblemente nuevo y distinto que me era todo. Un amplio corredor me condujo hasta los ascensores, los dos más grandes que he visto en mi vida y que cargaban palés enteros y el incesante trabajo de los operarios, algunos de los cuales adornaban sus gorras de los Celtics con colecciones enteras de chapas y pins.

Ya en la tercera planta una serie de largos pasillos confluían en el mismísimo corazón del estadio, que ocupaba la sala de prensa y el comedor. Entré a la primera y el primer 'Can I help you?' que recibí me quería decir que no tenía yo sitio junto a los colegas del Globe o el Herald. Y que habían habilitado una sala contigua para todo ese excedente que los playoffs esperaban.

Allí dejé mis cosas, cogí mi grabadora y libreta y henchido de la mayor entusiasta curiosidad me apresuré a explorar el interior del recinto. Poco tardé en avistar el objetivo, que no era otro que uno de los accesos a pista. Qué fantástico espacio me aguardaba allí.

La primera impresión que recibí fue la de luz. Una iluminación que además de los focos resaltaban los graderíos, de un manto cromático que hermanaba a Celtics y Bruins, y ese parqué único en el mundo. La segunda fue el olor. El Garden olía extraño. Una mezcla entre despensa rancia y madera húmeda. Me empapé bien de aquel aire y dispuse mis pasos sin orden ni concierto como un niño abre su juguete para ver lo que hay dentro. Porque ya entonces bullía una gran actividad.

Me detuve a un lado de la banda observando las evoluciones de Jermaine O'Neal junto a Keith Askins. El asistente trabajaba con él la repetición de la parada y tiro. Y al rebote, nada menos que Bob McAdoo. Noté enseguida que la pista presentaba una ligera elevación sobre el terreno, con lo que las estaturas se acentuaban a un extremo tal que Rasheed, al otro lado, podía estar en torno a los 2.30. Sin detenerme más que a intervalos seguí circundando la escena y me crucé con Terry Porter, Will Perdue, Danny Ainge y la más gloriosa de las figuras en vivo, Pat Riley.

El tiempo se me echaba encima y sentía no dar abasto. No tenía ningún objetivo claro más que estar allí. En todos los sitios y ninguno a la vez. Pero me apresuré en dirección a los vestuarios y para acceder al de los Celtics había tal cantidad de gente que opté por entrar al de Miami. Ya la estancia era mil veces más cómoda que en New Jersey. Y un silencio como de tensa espera dominaba la sala. Me acerqué a la taquilla de Arroyo para saludarle y tomarle un poco el aire. Fueron un par de minutos en español que me supieron a gloria. Mientras, atendían a Wade en una de las camillas y Haslem cruzaba nervioso de un lado a otro la sala. El resto aparecía sentado con la mirada perdida. Transmitían algún tipo de oscuro temor.

Al salir y buscar nuevamente el acceso a pista un gigante de mirada salvaje cruzaba el pasillo en dirección opuesta a la mía. Era Kevin Garnett. Perdí la noción de la realidad a su paso y una fuerza para la que no encuentro explicación me hizo girar de inmediato y seguirle en su majestuoso camino hacia el vestuario. No pude hacer algo más acertado.
Entrar allí es hacerlo en un museo. Preside la entrada el más hermoso logo que se pueda concebir. El trébol, del tamaño de un hombre, aparece meticulosamente tallado en metal con una tenue iluminación de fondo sobre una madera color miel.

Lo primero que uno encuentra, o tal vez donde primero me llevaron los ojos, es una especie de plegaria que recoge una hermosa placa y que reza:
INDIVIDUALS WIN GAMES
BUT

TEAMS WIN TITLES


Sobre ella, formando un perfecto anillo en torno a la estancia, tal cantidad de fotografías desde los remotos tiempos de los hermanos Furey hasta una celestial imagen de Larry Bird que no pude menos de sentir escalofríos. Perkins recibió a Garnett con una colisión de hombros que fulminaba toda idea de debilidad.

Desde allá adentro nos llegaba ya la maquinaria de guerra procedente del exterior. Sin el menor orden salí nuevamente a pista y busqué el lugar que nos tenían destinado a la prensa eventual. Éste fue el primer gran shock de la noche. Una operaria me señaló con el dedo uno de los fondos y yo no daba crédito. Porque los fondos ya estaban repletos y no veía yo allí lugar para mí. Cuando me acerqué comprobé que entre la masa de aficionados asomaba penosamente una mesa alargada, de superficie verde y ninguna sujeción, que uno podía levantar con una mano. En el centro aparecía mi nombre y allí debería yo de ubicarme con el portátil. Era imposible. Porque decenas de vasos y cervezas ocupaban ya entonces la mesa. Para poder acceder a mi sitio hube de disculparme entre veinte y treinta veces sin mucho éxito. Hasta que la emprendí a empujones para poder ocupar un asiento ridículo, un espacio de apenas medio metro cuadrado que ya entonces aplastaban los inflamados en alcohol que me acompañarían durante toda la noche.

Unos minutos después el mundo se oscureció y en su lugar emergió un infierno. El Garden ya estaba a rebosar, no se veía un solo asiento libre y se disponían las presentaciones. El ruido era ensordecedor y la cosa alcanzó el paroxismo al saltar los Celtics a pista. La megafonía, la más brutal imaginable, ya no se detendría hasta el salto inicial. El gigantesco videomarcador exhibió entonces una secuencia de imágenes que atacaban milimétricamente a la emoción. Una vez que pudimos ver a todas las glorias pasadas la cosa llegaba al presente, a esta edad todavía dorada en el imperio verde. Y ahí el asunto estalló. No era música propiamente. Era una colosal percusión entre el 'trash' y el 'tribal' acompañada de imágenes de Rocky, Depredador, cine bélico y todo ello culminado con el atronador grito de Garnett desde el cielo que el pabellón recibió como una brutal descarga y que nos sumergió en un escenario de guerra. Todo estaba estudiado para aniquilar el pensamiento y transmutarnos en bestias. Durante esos minutos recibí golpes y pisotones, chillidos y empujones que me desplazaron peligrosamente de mi posición.

Fueron momentos de confusión, de caos y hasta miedo. No imaginaba que un escenario NBA pudiera encerrar todo aquello. Lo sabía de Boston. Pero no hasta ese extremo.

Siempre he hallado en estas demostraciones de la multitud una remota condición a mí, un temor y hasta una natural repulsión por lo que mis muchos años de baloncesto de laboratorio me han procurado en condena. Mi eterna soledad frente a la pantalla durante tantos años había obrado en mí como el sol en el campo. Por lo que mi reacción no fue unirme a la multitud en fuego cruzado. Pero sí, y aquí debo subrayar, sentir estremecer hasta la última de mis fibras. Quien en ese decisivo momento me hubiera tocado lo habría hecho con la superficie de un cactus. Así estaba yo. Y seguramente, así estaban todos, de abrumadora mayoría blanca.

Ando en esta vida lejos de ser un mitómano. Pero mucho más lejos de ser una piedra que no se estremezca ante lo que, dicho sea claro, no es normal. Y aquello no lo era.

Ésta es la película de que hablaba. Nunca olvidaré esos momentos de locura desatada. Un infierno que, ahora lo reconozco, merecía la pena vivir. Porque supe entonces lo que significaba ser parte de aquel remoto abismo deportivo, lo que debe ser que por las venas fluyan glóbulos verdes y hasta ser ario de piel rosada; lo que debió sufrir Robert Reid al caer en uno de los fondos del viejo Garden, lo que suponía para un rival caer allí de manera accidental, en aquella trinchera enemiga. Lo que Auerbach, en definitiva, debía entender como alma sin poder dar otro nombre que Boston Celtics.

Y me acudieron aquellas palabras de Magic Johnson confesando que "tienes que odiar a los Celtics como ellos te odian para poder derrotarles". Recuerdo haber resoplado de emoción. De pura y honesta emoción por lo que estaba viviendo allá abajo. Porque no se trata de haber estudiado la guerra. Sino de ser por una noche el soldado que tanto imaginaste.

Cuando el partido comenzó todo templó en su medida. Pero no lo haría ni un solo segundo con el inquebrantable carácter provocador, latigante y sádico de aquel público enloquecido que por encima de la victoria aspiraba a la humillación. Qué remotos se me antojaron entonces el Madison o el Izod. Qué inocentes guarderías eran en realidad.

El del Garden es un público habituado a sentir el orgasmo en la destrucción. A siete minutos Wade sufrió un tapón de Garnett y el recinto estalló de nuevo. Mucho más que un triple o un mate, ninguna reacción rivalizaba con las que encendían las demostraciones defensivas. Y tan sólo a poco de comenzar el segundo cuarto un tributo a la figura de Dennis Johnson por su ingreso en el 'Hall of Fame' lograría aplacar algo la hostilidad. No fueron más que unos segundos y la paz se esfumó.

Los Celtics no jugaron del todo bien. Durante buena parte de su estreno lo hicieron en ese limbo de juego que no termina de acercarse a la seguridad que hasta hace no mucho los definía. Al 60-63 todavía para Miami pero de remontada local nos calzaron a Mel Gibson en pleno grito de Braveheart y allí se acabó todo. Durante el resto del partido ya no podía uno estar sentado. Si lo hacía no se veía nada. Y cuando a poco del final los dos equipos se enzarzaron en una de las bandas sentí morir aplastado y no tuve más remedio, con qué sorpresa lo recuerdo ahora, que sobreponerme a la muchedumbre, incluso obrar como ella y subirme a la mesa y hasta apoyarme en la fila de fanáticos que tenía delante y que en esos momentos exhibían la misma furia que su jefe de filas.

Garnett acabó expulsado. Y durante unos segundos, antes de la resolución, Udonis Haslem tuvo que ser calmado por sus compañeros. Estaba rígido, había cerrado los puños y sus venas se podían ver a distancia. De haberse cruzado entonces con Garnett como parecía desear el desenlace podría haber sido fatal. Y digo esto tan convencido como que estaba allí.

Haslem y Richardson fueron los únicos. Sólo ellos no parecieron ceder a la salvaje intimidación del recinto. Antes bien se sentían inflamados por ella. Y más en la derrota que se avecinaba.

Una rendida ovación acompañó la salida de pista del expulsado. Pero sorprendía mucho más cómo reaccionó el pabellón a su ausencia. De repente un termómetro salpicó la pantalla central y el objetivo era elevar el nivel de ruido hasta el límite de lo soportable. Había cinco niveles a conquistar: Rumblings - LoudWicked loud - ThunderousGarden Level. Este último ponía muy seriamente a prueba los tímpanos. Supe entonces, con qué claridad me acudió esto, lo que debieron padecer aquí mismo los Lakers en el sexto partido de las Finales de 2008. Porque no es que fuera imposible ganar. Es que por momentos parecía imposible salir botando o simplemente jugar.

Durante toda la noche ningún jugador visitante se vio libre de las iras. Pero ninguno al nivel de Dwayne Wade. Durante sus tiros libres se proferían auténticas burradas desde nuestro fondo que, por resumir, coincidían todas en cuestionar su virilidad.

Boston resolvió finalmente un partido que durante buena parte no tuvo claro. Un estreno saldado con victoria para mantener la calma.

El final me liberó de horas de apretón y me condujo a una frenética carrera por alcanzar no sabía muy bien qué, si los vestuarios o la amplia sala habilitada para las ruedas de prensa. El de Miami aparecía cerrado y extrañamente protegido. Había que echarle valor para entrar allí aquella noche. El de los Celtics ni se veía del tapón formado en los pasillos. Así que decidí dirigir mis pasos hacia la sala de prensa, donde al cabo aparecieron juntos Paul Pierce y Kevin Garnett.

Los dos están muy versados en esto. Pierce presentaba dos aparatosas rodilleras con hielo y Garnett no dirigió ni una sola vez su mirada al frente. Sorteó bien las preguntas que aludían a la bronca y amparado por esa amistad por la que, parece, sería capaz de matar, vino a decir que un compañero en el suelo no podía sufrir el desprecio de que fue testigo. Pero nadie ha sido capaz aún de aclarar qué fue exactamente lo que Quentin Richardson dijo. Tampoco hace falta. Con seguridad acusó a Pierce de estar actuando.

En aquellos momentos, apostado a dos metros de ambos y con mi portátil en las rodillas, sentía una poderosa fuerza en los dedos que me habría conducido a contarlo todo, a compartir una de esas experiencias que no pueden ser descritas en justicia. Me invadía además una lucidez inusitada. Calmé un poco las ansias con buena gente en el hilo verde del foro ACB. Pero maldecía, cuántas veces lo habré hecho desde que estoy aquí, que en mi pequeño país no hubiera nadie interesado en aquel plano deportivo que estaba literalmente situado en el cielo. Nunca jamás me había sentido, y escribo esto con el corazón –amigo Ramón-, tan gloriosamente cerca de las estrellas.

Nunca.

Acabada su declaración fueron entrando sucesivamente Erik Spoelstra, Doc Rivers y un cabizbajo Wade que movía a la compasión. Cuando todo terminó y miré al reloj sentí un sobresalto. Era tardísimo.

Recogí apresuradamente mis cosas y busqué sin mucho tino una de las salidas. Una eternidad después lo conseguí. Llamé a Sami y sus palabras me llegaron entonces como un jeroglífico. Me dijo que cogiera el metro, línea verde hasta Park Street, donde debería hacer un enlace con la línea roja hasta mi destino final en Alewife, la última estación, donde él me recogería con el coche.

Resoplé acojonado. No parecía sencillo y no tenía la más mínima idea del metro de Boston. Pero seguí a las pandillas que a esas horas habían aprovechado el rato de un periodista para saciar su sed en los tugurios todavía bien abiertos del exterior. Pregunté torpemente y acabé en el andén de la línea, cómo no, verde. Al rato apareció no un metro, sino un tranvía. Esa línea conduce a una estación terminal que tiene algo de premonitorio: Cleveland Circle.

En Park Street un tipo tocaba la guitarra y una mujer con aspecto bohemio y una edad que no deseaba le dio las gracias desde el metro. Iba borracha. Pero no era la única. Al fondo una de las cuadrillas que habían estado desgañitándose en el Garden, de unos diez o doce miembros, canturreaba sin apenas voz viejos himnos locales y reía a carcajada una felicidad que era muy distinta a la mía. Eché en falta algunas de las muchas cervezas que llevaban encima. Pero me di cuenta que yo mismo sonreía cuando uno de los tramos salía a la superficie y todo Boston aparecía iluminado de fondo. La noche había cerrado y la postal era maravillosa.

Al cabo quedé a solas en el vagón entre papeles y botellines de cerveza y tuve la sensación de que nunca llegaría a mi destino. Que ya lo había hecho con creces y ahora no sabía muy dónde iba.

Cuando por fin llegué a Alewife hube de esperar en mitad de la noche junto a una carretera desierta que me hacía preguntarme cómo era posible que yo estuviera allí. Pero no había ningún temor en aquella pregunta. Antes bien me sentía pleno por lo vivido. Un cigarro y muchos pasos después llegó Sami.

Qué lejos quedaba Arlington. Cuando por fin hicimos entrada en el pueblo serían más de las dos. A las siete debíamos hacer el camino inverso. No pegué ojo. Y tampoco lo haría en el autobús de vuelta. Así que cuando por fin llegué a casa al día siguiente lo hice muerto de agotamiento y con un dolor de cabeza como no recordaba que fuera posible. Apenas si había comido y vomité una especie de espumarajo que me hizo temer lo peor. Por primera vez me decidí a tomar algo.

Supe entonces que hacer lo mismo día y medio después sería una locura.

Pero mientras estuviera vivo Boston me seguiría viendo. Y así fue. Sólo que dejo esa segunda noche y siguientes para más adelante. Únicamente por respetar aquella primera vez y ese agridulce sabor de nunca volver.


- CELTIC PRIDE (106-77) -

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Los Boston Celtics dejaron anoche claro que pueden seguir siendo muy competitivos pese a no contar con Kevin Garnett y a pesar de realizar una temporada regular sembrada de dudas y mal juego.

Muchos daban por hecho que los Celtics tendrían una serie muy dura ante los Miami Heat, quienes venían de realizar un fin de temporada muy bueno. Otros incluso apostaban por que los C´s no pasarían ni de primera ronda pero tras este segundo partido las dudas empiezan a despejarse y la posibilidad de barrer a los Heat o de pasar por un 4-1 cobra cada vez mayor protagonismo.

Como comenté en el análisis del primer partido, los rendimientos de los jugadores de Boston no habían sido muy buenos. Ray Allen había tirado muy mal, con malos porcentajes, Rondo había defendido muy mal, Perkins apenas reboteó y Pierce se mostraba lento, aún así logramos ganar y con la sanción impuesta a Garnett elevar la moral y las ganas de liquidar la serie rápidamente.

Esta noche, el panorama que se vio en el TD Garden fue muy distinto al vivido en el primer partido de la serie. Los Heat se toparon con un equipo enchufadísimo y muy metido en el partido, con unos Celtics que defendieron cada posesión, rebotearon el doble y que tiraron más tiros libres, con un Doc Rivers que al fin empieza a administrar bien la banca y a usar a los jugadores cuando se les necesita. - (veánse los 18 minutos de Williams).

El hecho de los tiros libres merece ser analizado, ya que muchos dan por hecho el beneficio arbitral a Boston pero no es así. Los Celtics están llegando a todas las ayudas, cerrando todos los huecos y penetrando mucho a canasta, algo que en la temporada regular se vio muy poco. Estos hechos son los que hacen que se produzca esa gran diferencia de tiros respecto a ambos equipos, creando ese plus de puntos que tantas veces durante la regular season nos faltó.

Glen Davis, cómo adelantaba antes del incio del partido conformó el quinteto incial junto a Kendrick Perkins, Paul Pierce, Ray Allen y Rajon Rondo, en sustitución del sancionado Kevin Garnett.

La actuacion de Glen Davis fue de sobresaliente, logrando hacer olvidar por completo a Garnett y siendo el segundo máximo anotador del equipo con 23 puntos, además de 8 rebotes. La única pega que se le puede atribuir es que fue bloqueado 5 veces por los jugadores de los Heat.

Davis logró realizar 14 tiros de campo con un 50% de acierto y eso sí, sumar 9 tiros libres. Si algún interior debe de ser el encargado de salir a cancha en los momentos finales de un momento apretado ese debería de ser Davis, los libres son su mejor especialidad.

Ray Allen, el máximo anotador de Boston, sumó 25 puntos, con una gran serie de tiro, 7 - 9 en triple, para un total de 9 de 13 en tiros de campo. Sugar Ray dejó claro que lo del primer partido no fue algo normal respondiendo en el partido que los Celtics más le necesitaban.

Paul Pierce sumó 13 puntos, Perkins 13 también, 9 rebotes y 2 tapones, uno de ellos espectacular. Rajon Rondo sumó 8 puntos, 12 asistencias, 7 rebotes y 2 robos.

Por el banquillo Nate Robinson fue el máximo anotador con 7 puntos en en siete minutos de juego, Michael Finley consiguio 3 puntos, Rasheed Wallace 6 puntos y 5 rebotes, Tony Allen 4 puntos, 4 rebotes y 2 robos. Finalmente Shelden Williams, quién dispuso de 18 minutos acabó con 2 puntos y 6 rebotes. Marquis Daniels sigue sin jugar demasiado, anoche 7 minutos, en los que logró 2 puntos.

El viernes 23, próximo partido de la serie. Los Celtics se trasladarán a Florida para tratar de llevarse el tercer partido y con ello poner ya pie y medio en las semifinales del este, dónde seguramente los Cavaliers nos esperen. Esperemos no haya sorpresas y que el equipo siga estando así de bien.

Glen Davis hará de nuevo de Garnett

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Esta misma mañana en Boston, Kendrick Perkins lo confirmaba tras los rutinarios entrenamientos del equipo. Glen Davis partirá de titular en el partido de esta noche ante los Miami Heat.

" Baby’s been there before. We got trust in Baby so we know he’s going to come out and playhard and do what he has to do."

Para ello, tanto Doc como todo el equipo creen que Glen se merece ser el principal sustituto de Garnett.

"Los números de Baby fueron buenos en los pasados playoffs", citó Perkins a la prensa. "Así que hemos decidido darle la oportunidad de volver a hacerlo realmente bien esta noche".

No olvidemos que Davis promedió en los pasados playoffs sustituyendo a Garnett unos más que aceptables 15.8 puntos y 5.6 rebotes y decidiendo aquel partido de la serie ante los Orlando Magic.

" He wasn’t KG, but he did a great job," Perkins said. "They’re two different types of players, but we got full trust in Baby. I know he’ll come in and do what he has to do tonight. The good thing about is we don’t haveto survive the whole playoffs without KG. It’s just one game."

Sin duda, esta noche sera un partido con todos los alicientes propios de un partido de playoffs y con el aditivo de las ganas que hay en el Garden de ver a los C´s aplastar a los Heat.

En otro orden de cosas, Tom Thibodeau interesa y mucho en New Jersey para ocupar el puesto de entrenador de cara al año próximo. A ello se suma la posible oferta por parte de los Celtics para que Tim lleve las riendas del equipo verde si finalmente Doc decide dejar las labores.

Análisis del codazo

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Ante la reciente sanción impuesta a Kevin Garnett por la NBA por la que el pívot de los Celtics se perderá el segundo encuentro de la serie me he propuesto analizar el "codazo" de Garnett.

Para comenzar, en el vídeo podemos apreciar cómo ambos jugadores de Miami golpean a Pierce en una zona un tanto delicada para el capitán de los Celtics cómo es su maltrecho hombro, del que viene acusando molestias toda esta temporada y por el que se ha perdido más de un partido.
Continuando podemos apreciar cómo Quentin Richardson, por supuesto jugador modelo para la NBA, tiene un cruce de palabras con Garnett y Davis en las que les llama a Pierce y KG actrices y le dice a Paul que se deje de hacer teatro.

Hacía el segundo 10 podemos apreciar cómo Garnett le pide a Quentin que se retire de allí y éste en vez de ello decide de un modo chulesco encararse con Kevin. Posteriormente Udonis Haslem es el que literalmente suelta el codazo a Glen Davis cómo podemos apreciar en el segundo 17. Más tarde JermaineNeal derriba con ayuda de Haslem a Glen Davis dejándole tirado en las butacas del banquillo.

Desde el otro ángulo de las cámaras de retransmisión podemos ver el SUPUESTO codazo de Garnett (0:26) quién intentando safarse de Jamal Magloire quien le está agarrando y sin dejarle movilidad ante los empujones de O´Neal y Haslem suelta un codazo totalmente involuntario a Richardson como se puede apreciar de forma clara.

- Con todo esto no quiero decir que Garnett no se lo merezca pero sí que si a él se le sanciona con la pérdida de un partido por que a los de Miami no les ocurre lo mismo, el trato debería de ser el mismo.

Si hay sanción para Garnett ¿por que Haslem en mayor medida, O´Neal y Richarson (25,000$) quedan absueltos de no jugar el siguiente encuentro?




Se acabó el lucirse, esto son los Playoffs

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Anoche dio comienzo la primera serie de playoffs con la que los Boston Celtics tendrán que lidiar batalla, ante los Miami Heat en lo que parece será una serie dura y llena de rivalidad.

Miami salió entonado en la primera mitad del partido, con un gran Dwayne Wade que penetraba sólo hasta la zona sin apenas resistencia céltica, así fue cómo durante los dos primeros cuartos los Heat lograron llegar a ir ganando con bastante margen, encarrilando la segunda mitad con un 44-41 desfavorable para Boston.

Ray Allen tuvo que ausentarse del partido durante unos minutos a causa de una hemorragia debida a un golpe fortuito por lo que Doc Rivers decidió sacar a Tony Allen a cancha y para sorpresa de muchos, la fórmula de Doc tuvo sus frutos, Tony Allen logró parar o al menos incordiar a Wade y en el ataque logró anotar 14 puntos y ser el revulsivo del equipo, saliendo cómo factor X que finalmente nos dio la victoria.

El partido estuvo envuelto durante gran parte de la segunda mitad en un clima de rivalidad impresionante, duras defensas, golpes, cruces de palabras e incluso la expulsión de Garnett por sacar a pasear los codos, montándose una gresca importante, por la que Kevin fue expulsado y está pendiente de algún tipo de sanción.
Kevin Garnett podría llegar hasta a perderse el próximo partido de la serie, en unas horas lo sabremos. La verdad es que su actuación ha sido penosa, entrando al trapo cómo un rookie y no como la estrella que es, esperemos que Stern le imponga algún tipo de sancion económica, de lo contrario podríamos pasarlo realmente mal.

Volviendo al análisis del partido, el ambiente que se generó en la cancha beneficio y mucho a los Celtics, logrando al fin meterse en el partido y de la mano de Pierce, Davis y Tony Allen sobreponerse en el marcador pasando a dominar el partido hasta el pitido final, imponiendo un marcador de muy bajas anotaciones y dejando a los Heat en 76 puntos una de sus más bajas anotaciones en toda la temporada. El resultado final fue de 85-76 pudiendo así Boston la serie con el 1 a 0 favorable y esperando ya al segundo partido de la serie a disputarse en el TD Garden.

Si de alguien hay que hablar, es de Tony Allen. "El ganso" saltó a la pista y jugó 29 minutos, en los que anotó 14 puntos. Tony Junto a Glen Davis con 8 puntos y 8 rebotes y junto a Pierce con 16 puntos fueron los más destacados del partido.

Kevin Garnett logró 15 puntos y 9 rebotes en 30 minutos de juego, haciéndolo bien y caldeando y mucho el ambiente. Ray Allen no estuvo nada acertado y se quedó en 8 puntos con 0-4 en triples y 2 de 9 en tiros de campo. Por su parte Rondo quien jugó 42 minutos realizó un partido muy irregular con 10 puntos, 10 asistencias y 7 asistencias pero con una mala defensa y también una mala seleccion de tiro. Kendrick Perkins tampoco realizo un buen encuentro sumando tan sólo 8 puntos y 3 rebotes.

Por la banca, sorprende los 6 segundos de juego de los que dispuso Nate Robinson y de nuevo la pésima aportación de Rasheed Wallace con 4 puntos. Daniels y Williams no disputaron un sólo minuto.

Así pues el partido aunque pudo decantarse por el lado de los Heat finalmente se quedó en casa. A poco que la banca aporte y que Ray Allen, Rondo y Perkins jueguen cómo viene siendo habitual, el equipo no debería de tener muchas complicaciones para ganar a los Heat por un 4-1. Lo importante será conseguir ese equilibrio en cancha y que Doc use más a Nate, al menos darle una oportunidad, al igual que a Marquis y Shelden.

*Conclusión: - aún jugando de manera penosa, hemos logrado conseguir la primera victoria de la serie, confiemos en que el juego del equipo mejore y que no haya sanción para Garnett. Lo que si que parece ser un hecho es que la confianza del equipo ha subido.


-El supuesto codazo de Garnett-

Si Garnett recibe sanción finalmente, tanto Haslem cómo O´Neal deberían también tener su castigo. Espero que la NBA no sancione este tipo de actuaciones, propias de playoffs y de la dureza de estar compitiendo por un título. Antigüamente estas acciones estaban a la órden del día y no pasaba nada.

Últimas declaraciones de Quentin Richardson llamando a Garnett y Pierce actrices.


Noticias de última hora: Kevin Garnett ha sido sancionado por su codazo en el primer partido de la serie ante los Miami Heat con un partido de suspensión por lo que los C´s intentarán poner el 2-0 sin la ayuda de Big Ticket. Ahora el dilema está en quien será el jugador que reemplace a Garnett. Rasheed Wallace, Glen Davis e incluso Shelden Williams podrían partir de titulares.

El banquillo de los Celtics

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Pues parece confirmarse a través del blog dobles figuras y de Gonzalo Vázquez como está la situación en el vestuario de los Boston Celtics, el artículo es del pasado enfrentamiento antes los Knicks.

La verdad que el artículo no dice nada que no sepamos, pero leer lo que el periodista vio da una gran sensacion de que este año mucha suerte vamos a tener que acumular para lograr algo, por supuesto Doc Rivers niega todo lo que se ha dicho de fractura en el vestuario, pero sólo con ver a los jugadores en la cancha nos hacemos una idea de cómo es el vestuario al término de los partidos.

Por último, deciros que por fin hemos tenido algo de suerte y que ante el empate por el pick 19 del draft, hemos salido vencedores y seremos el 19º equipo en seleccionar. Tan sólo pido que sea quién sea se le den opotunidades para demostrar algo y no ocurra como con Bill Walker.....

Ahora os dejo con el artículo extraído de Dobles Figuras.


-¿Problemas en el vestuario?-

Voy a invertir el orden esta vez. Porque nada me ha causado esta semana más fuerte impresión que ver de nuevo a los Celtics. Pero no por lo que se podría pensar. No por el mismo motivo que me hizo dedicarles toda una entrega a mi primera cita con ellos en New Jersey. Sino más bien por todo lo contrario.

Los Celtics visitaban New York este pasado martes. Y los Knicks venían de una gira que les había llevado a ausentarse de casa nada menos que doce días, lo que en un calendario como al que me he habituado es toda una eternidad. La mezcla era, pues, inmejorable. Se respiraba un gran ambiente en el Madison esa tarde.

Me suelo preparar para estas citas una serie de posibles entrevistas con los jugadores visitantes. Llevo además una cuartilla que actúa como entrevista tipo. Este género es más válido para tomar el pulso a un equipo que a un jugador en particular. El caso es que entre una y otra había armado hasta los dientes mi revólver de grabación.

Qué rotundo fracaso.

La sala de prensa mostraba bien pronto el revuelo de las grandes tardes. Luego de cruzarme con ese aire espabilado que se gasta Wojnarowski ocupé allá adentro mi habitual rinconcito y mucho antes de la hora bajé a pista. Había calado a Sergio sentado distraídamente en uno de los fondos. Le saludé. Nos dimos un abrazo y pasé a darle algunas de mis impresiones sobre la gira. El desastre de Portland, sus buenos minutos en Los Angeles y el complejo y algo incómodo tema Rudy. La charleta nos llevó como de costumbre a su futuro. Y más ahora que aprieta tanto.

Entre nosotros: no lo tiene claro. No todavía. Y la cosa se adivina tan frágil que pareciera que unos buenos minutos en lo que resta o dos noches de duro banquillo podrían precipitar la decisión a uno u otro lado. El caso es que agradecí la charleta. Se producía en un lugar y momento desacostumbrados. Y antes que verse interrumpida por el calentamiento lo fue porque un miembro de la organización le acercó hasta allí un paquete que contenía unos cómics. Sergio me pidió que se los guardara hasta el final del partido y así lo hice.

El siguiente punto era la caldera del vestuario verde. Antes pasé como es habitual a la sala de prensa a escuchar a D'Antoni y ver el estupendo moreno que en este despuntar la primavera lucía ya la radiante Cervasio. En esos minutos en que todos rodeamos al entrenador, siempre sentado junto a Tina y su cámara, suelo observar a dónde van a parar muchas de las discretas miradas de mis colegas. Y si la ocasión, la falda y la blusa lo merecen, suelen apuntar siempre a las mismas dianas. Y no me extraña. Sus piernas exhibían un deslumbrante brillo producto de alguna crema cuyo coste seguramente me permitiría comer unos tres meses. Y lo mismo el perfume, que nos mareaba a todos. Una de las cosas que nunca entenderé de cierto periodismo femenino es su empeño en incorporar la cosmética a un plano tan inconveniente para lo que en realidad nos incumbe.

Al entrar al vestuario la escena que uno encontraba movía de golpe a la idea de dispersión. Únicamente tres jugadores de los Celtics ya estaban allí. Uno era Marquis Daniels, a mi derecha; otro Rasheed Wallace, en una esquina; y en medio de la estancia, sentado en el suelo con las piernas abiertas, un Paul Pierce que atendía a la pantalla de televisión con el partido de los Knicks en Los Angeles y nos recibió con esa astuta sonrisa que siempre presenta. Una actitud que invitaba a pensar positivamente el resto de la velada.

Daniels y Wallace, ocupando rincones opuestos, enfundados en sus cascos y atendiendo a sus teléfonos, no levantaron la mirada ni una sola vez durante un buen rato. Mientras, Pierce intercambió desde el suelo un par de coñas con Bengtson y Schumann antes de levantarse y desaparecer de nuestra vista. El resto de la expedición ocupaba la trastienda y uno veía con cierta impaciencia cómo iban pasando todos de un lado a otro sin cruzar la puerta que los separaba de nosotros.

Marcell, el colega alemán, le echó arrestos y pidió audiencia a Wallace, que le respondió sin vocalizar con un balbuceo del que apenas capté un 'before'. Vamos, que no hablaría antes del partido. El chaval volvió a mi posición algo compungido y le dije que no temiera nada, que nada perdía de un tipo que si tuviera un poco de vergüenza devolvía el dinero saqueado a las arcas verdes.

A mi derecha Marquis Daniels seguía en modo autista. Sus ojos, como temía, aparecen extrañamente entreabiertos, como si fuera un individuo poco despierto. Y ni el más brutal de los cómicos parecía poder hacerle esbozar la sonrisa. Marquis ocupa una especie de limbo en ese vestuario. Y más ahora, que teme quedar fuera de la batalla que se avecina.

Todos los plumillas formábamos una pelota en el centro de la sala. Y así estuvimos interminables minutos sin que por allí apareciera nadie. Avancé entonces hasta la sala de fisios y, detenido en el marco de la puerta como en 'El Ángel Exterminador', observé una escena que me llamó la atención. Garnett hablaba con Doc Rivers, al que había interrumpido sin dilación alguna tarea en el portátil. Ambos ocupaban un rincón algo estratégico, como intencionadamente alejado del resto. No era una charla normal. Juraría que Garnett estaba rajando. Empleaba un volumen muy bajo y el tono característico en la confidencia de algún problema, circunstancia que confirmaban algunos aspavientos de mal color y una expresión algo preocupada en el técnico.

A metro y medio de mí estaba Michael Finley. Tengo que decir que Finley era aquella tarde mi objetivo principal. Estaba sentado en un aparte. A solas. No manejaba el teléfono. Se ocultaba en él.

El resto del equipo no salió ni cuando entró Bill Walker al vestuario para saludar a sus ex compañeros. De hecho daba bastante grima ver que el único que le hizo un poco de caso, al margen de Perkins, fue Daniels. Nate Robinson en cambio prefirió escenificar el reencuentro en plena pista, a la vista de todos.

Al poco, cuando la prensa más veterana empezaba a no ocultar su indignación, apareció exactamente el mismo salvavidas que satisfizo a todos en New Jersey: Ray Allen. Cuando todos nos echamos encima, observé cómo Rajon Rondo se colaba con sigilo por detrás de todos a sentarse junto a Kendrick Perkins, que había vuelto del calentamiento y sudaba a chorros. Rondo no daba la impresión de buscar su compañía. Antes bien que el grandote le tapara. Prueba de ello es que un colega se le acercó y Rondo le devolvió una negativa con el dedo. Perkins en cambio accedió a las grabadoras. Tal y como la otra vez.

En ese momento vi cómo al otro lado Garnett y Pierce llamaban a uno de los 'ballboys' para que les procurara un modo de llegar a pista sorteándonos. Era bien sencillo. Desde la sala de fisios hay un acceso a los pasillos traseros.

Allen contestó a todo. A tanto que nos quedamos hasta el final dos a solas con él y en ningún momento puso freno a petición alguna.

Para entonces el vestuario se había vaciado de periodistas, seguramente aceptando que no iban a sacar mucho antes del partido. Y en ese instante entró Tony Allen en gayumbos y con sendas mancuernas empezó allí mismo una rutina de calentar piernas. No imaginé la vergüenza que me supondría ver el proceder de dos reporteras italianas que Viola me pone a caldo cada vez que las ve porque las emplea como el perfecto ejemplo de cómo están las cosas en la Italia de 'Il Cavaliere'. Andan siempre algo perdidas. Una baja el escote hasta el ombligo y la otra ciñe su pantalón hasta la matriz. Apostar con alguien si alguna sabría responder qué es un 'pick&roll' es hacerlo a caballo ganador. Y cuando Allen, que tiene el cuerpo más perfecto que un hombre pueda desear para sí, estaba forzando abdominales, una de ellas, la más desvergonzada, no tuvo el menor reparo en soltar allí a la otra una perla que no voy a traducir pero que no tendría cabida en un cuento de niños.

Era el colmo. A punto de dar la espalda a aquella indecencia por fin Finley se decidió a entrar pasando forzosamente a mi lado. Me acerqué a él con la mejor de mis intenciones y me respondió exactamente lo mismo que Sheed al alemán. Ha debido aprender rápido alguna consigna interna. Y no puedo despachar este caso sin decir, y ojalá me equivoque, que la impresión que me dio durante toda la noche fue la de sentirse tremendamente decepcionado con su nuevo hogar, con la ilusión de un veterano que esperaba sumarse felizmente a un equipo con opciones todavía vivas. Estuvo solo de cabo a rabo. Ningún compañero se dirigió a él. Y mucho más que serio, estaba triste. Como desolado. Cuánto me acordé entonces de las palabras de Ginobili la semana anterior. Uno se preguntaba entonces: y tanto ¿para esto?

El partido no fue bueno para Boston. De hecho fue todo lo contrario y por momentos Tony Allen parecía el referente del equipo. Los Celtics aparecieron una vez más en su peor versión: la agotada. New York se llevó una de esas victorias que le caen sin mayor sentido que D'Antoni exhiba luego una sonrisa de calma esperando a que el verano y el jefe arropen su futuro.

Al término, y luego de ver que Charles Oakley es el retirado más en forma que he visto, con ese pecho abombado que parece seguir retando al mundo, volvimos todos al vestuario verde con una sensación de que la cosa no iría a cambiar demasiado de lo que habíamos encontrado antes. Así fue. De hecho sentí por primera vez una cierta indignación ante lo que veía. Motivos tenía de sobra. Pero todos coincidentes en la peor impresión que me ha dado una plantilla desde que estoy aquí.

Qué engañado acudí a aquella cita. Pensaba que la victoria del domingo ante Cleveland iba a presentar aquí a unos Celtics henchidos de buen orgullo. Y resulta que el que traían era el peor de todos ellos. El que parece estar gritando 'larguémonos cuanto antes'. Pero eso sí, y esto es lo peor, cada uno por su lado.

Lamenté en suma la sensación que me brindaron todos. Aquel vestuario se mostraba muy distinto al que había disfrutado mes y medio antes en New Jersey, cuando el equipo, del primero al último, se comportó como una admirable piña. Ahora no. La plantilla se antojaba tristemente desganada, desintegrada, como precipitada no sé si al verano o a qué, pero no a eso mismo a que este equipo nos ha acostumbrado los dos últimos años.

Salí de allí pitando en dirección al vestuario de los Knicks y aguardé a que los compañeros vaciaran sus preguntas sobre Gallinari, que una noche más se mostraba exultante de alegría. Ya conté que se ha convertido en costumbre dispensarle un par de minutos al italiano tras cada velada. Me gusta hacerlo cada vez más. Porque el chaval parece verme de forma distinta al resto. Es normal. No le he buscado aún la entrevista y sí todo lo contrario. Un decirle esto bien y esto otro mal. Pero de manera agradable y nada vacía. Y él me sonríe nada más verme porque debo resultarle menos pequeño que gracioso.

Pero aquella noche esperé porque quería decirle algo. Y no era ninguna tontería. Era algo, pensé, por su bien. Era además uno de esos motivos que sólo parecen acudirme a mí. No quisiera parecer presuntuoso. Es que ocurrió tal que así: al poco de empezar el partido Danilo recibió un saque de banda y justo en la recepción el defensor tocó el balón lo suficiente para caer al suelo y volver a las manos del italiano. Éste no supo si podía seguir botando y se complicó mucho las cosas por no hacerlo y buscar la ayuda de un compañero. Me guardé ese episodio para el final de la noche, precisamente en aquel momento en que estaba.

Así, tan pronto se retiraron las grabadoras, me dirigí a él recordándole aquella jugada. Agradecí que al tercer segundo él asintiera con la cabeza. La recordaba perfectamente. Entonces me animé a explicarle del tirón lo que es el 'fumble' y cierta interpretación algo laxa en esta liga sobre el llamado 'balón sin control'. Mientras hablaba vi que todos los demás me hacían corrillo. Y después de lo vivido en el otro vestuario no voy a ocultarlo. Me invadió un cierto orgullo. Delante de todos, esos mismos tipos incapaces de saludar después de meses, sentí algo así como que las cosas volvían a su orden natural.

Danilo me dio las gracias por esa información. "Grazie, grazie, io non lo sapevo". Y debió ser tan contundente la escenita que monté que ya de madrugada Mitja Viola me llamó por teléfono para darme la enhorabuena. Me pregunté por qué. Quiero decir, me pregunté por qué coño ninguno de los allí presentes, los que más reciben de Danilo y los Knicks, sea capaz de ayudar en algo tan simple a un jugador por el que, supongo, velan también sus intereses.

Cuando todo terminó y salí a pista camino de la 'Press Room' vi que Nate Robinson estaba por allí y traté de cazarle al vuelo unas declaraciones. Llevaba en brazos a uno de sus tres retoños y el otro andaba correteando por el anillo del triple y resbalando hasta chocar a gusto contra la mesa de anotadores. Los críos, de un gracioso irresistible y un descaro que salen al padre, cabían en un calcetín. Me acerqué un tanto indeciso y fue él mismo quién me dijo que con los niños no hablaría. Le disculpé pensando que aquella no era mi noche. No era en realidad la de ninguno.

Una lástima guardar ese recuerdo de una noche que, con el sagrado nombre de Boston por medio, siempre debiera ser especial. Para mí lo fue porque todas lo son. Pero no en el más profesional de los sentidos.

Su victoria en Toronto al día siguiente fue de agradecer. Pero no suficiente para despejar ni una sola brizna de cuanto vi.
CONOCIENDO A LOS ROOKIES por Hanzinho Más allá de gustos personales o jugadores talentosos que cayeron en el draft y los pasamos, Doc y Danny eligieron en el draft y es lo que tenemos. Por lo tanto, basado en eso vamos a hacer una pequeña descripción y proyección de lo que podremos encontrar en estos tres nuevos Celtics. Jared Sullinger 20 años, 6,9 de altura, 268 libras, largo de brazos de 7,1, longitud de 8,9 (altura más brazos estirados) Mejor Caso: Kevin Love / Al Jefferson con garra / Luis Scola con carisma. Peor Caso: Brandon Bass / Leon Powe más pesado / Big Baby Davis inteligente. Considerado un top 5 desde la secundaria. Si bien tiene una estatura inferior a lo que se requiere para un interno, a diferencia de un Big Baby por ejemplo, eso lo compensa con un muy buen largo de brazos. Por debajo del promedio en cuanto a atletismo, podría tener problemas en defensa. (Por eso se vería mejor como centro). Su peso y fundamentos lo hacen inamovible en el poste bajo. Si bien puede encestar desde afuera, su ofensiva pasa por un gran juego de poste bajo a la antigua, con gran toque, mucha garra, e incluyendo en su repertorio ganchos con ambas manos. Luchador e inteligente no le teme al contacto, de hecho, como protege bien el balón siempre lo busca sacando faltas a un gran ritmo. De vez en cuando puede sorprender con una volcada espectacular pero su juego será la mayoría de las veces por debajo del aro. Por eso mismo, algunos dudan de su capacidad para ser eficiente en la NBA enfrentando a jugadores más altos y atléticos que él. Pero Sullinger como pocos, es un ganador nato y tiene una inteligencia muy por sobre el promedio. Si lo respetan las lesiones (problemas en la espalda y tener una pierna más corta que otra donde a pesar de esto apenas se perdió 2 partidos en su 2 años de universidad), estamos ante un gran jugador que variará entre centro y ala pivot segun el compañero que tenga y a quien enfrente. Por garra, ética de trabajo y corazón jamás se quedará corto. Fab Melo 22 años, 7.0 de altura, 255 libras de peso, largo de brazos de 7,2, longitud de 9,2 (uno de los más altos del draft) Mejor caso: Una versión pobre de Andrew Bynum / DeAndré Jordan con mejor mano. Peor Caso: Ryan Hollins más pesado y sin la garra. La gran polémica de la noche del draft, un jugador que en lo personal y el de muchos aficionados no gustaba. Melo es un centro que recién empezó a jugar Basket en el colegio. Aún con esto, su curva de progreso y proyecciones de lo que "podría" hacer son realmente positivas. El problema es que ese "podría" es demasiado grande. Primero que todo estamos ante otro portento físico. A diferencia de Sullinger el pasado futbolero de Fab le da cierta movilidad por sobre el promedio para un centro, además tiene un muy buen timing para dar tapas. Capacidad de saltar rápido. Aceptable pasador. Los problemas pasan en que como Syracuse siempre ha jugado en zona, no sabemos si será un buen defensor de poste bajo o rebotero. Lo positivo pasa porque ya sin el esquema de zona, en ofensiva es un excelente rebotero ofensivo. Hablando de ofensiva, aparte de volcar todo lo que toca, se le ve una muy buena mano. Lo otro negativo son las dudas sobre su "inteligencia" y posible falta de ética por su magro rendimiento académico. Sobre esto él mismo lo ha explicado. No le interesaba estudiar ya que su vida es el basket. (Recordemos que su papá murió cuando era un niño y viajó a Estados Unidos casi al mismo tiempo para jugar basket) Sobre su falta de ética, de un año a otro en la universidad bajó como 10 kilos, y no es de extrañar que lo siga condicionado. En la última entrevista el mismo ha dicho que lo único que quiere es aprender de Garnett, el cual, ya lo llamó para aconsejarlo. Si bien puede colaborar en defensa desde ya, estamos sin duda ante un proyecto. Para mi sorpresa, mejor de lo que yo mismo pensaba. Lo fundamental será la atención que ponga Fab en los consejos y la tutela que le de Garnett, si lo hace, tendremos un centro de los que escasean en la NBA por muchos años. Kris Joseph 23 años, 6,7 de altura, 215 libras de peso, Largo de brazos: 6,11(!), Longitud 8,8 (Apenas una pulgada menos que Sullinger) Mejor Caso: Danny Green más alto y con mejor manejo de balón / Mickael Pietrus con manejo de balón. Peor Caso: Jr Giddens De carismática personalidad, estamos ante el típico jugador de segunda ronda que hace un poco de todo pero no hace nada extremadamente bien. En ataque, si bien no tiene un atletismo destacado o un muy avanzado manejo de balón, puede volcarla seguido y crear su propio tiro con bastante eficiencia. No tiene un patrón de ataque definido si no que puede encestar de todas partes y de todas las formas. siempre con más maña que atletismo puro. (Léase Paul Pierce). Toma 4 triples por juego encestando un muy aceptable 35% . Su promedio de rebotes es por encima de la media para su puesto. En defensa nos encontramos ante un muy buen jugador, cuyo ridículo largo de brazos, anticipacion e inteligencia lo hace una fuerza defensiva, robando mucho balones y cortando lineas de pase. El problema pasa que al igual que Fab Melo, al jugar en Syracuse no se sabe a ciencia cierta su efectividad de defender hombre a hombre. Pero por lo que se puede ver tiene un excelente movimiento lateral. De contar con minutos puede ser una grata sorpresa. Sobretodo jugando al lado de un jugador como Rondo.